El regreso

 

En 1994 llegue a Miami junto a mis padres y un hermanito como refugiada política. Salimos bajo el programa de ex-presos políticos. Mis padres habían sufrido persecución política en Cuba. Mi padre había sido acusado por el Ministerio del Interior de “Otros actos contra la seguridad del Estado” (causa 8 de 1986) y mi madre sufrió un acto de repudio en su centro de trabajo organizado por el Partido Comunista y la perdida de su empleo como profesora (EFECI de Camagüey). Tampoco se le permitió seguir su curso de Artes Plásticas, ni los estudios dirigidos en el pedagógico de Camagüey (Historia del Arte). Mi padre que también era instructor de Artes Plásticas antes de su arresto no le fue permitido regresar a su trabajo cultural comunitario tras trabajar de manera forzada por orden judicial en una fabrica de cemento a 70 kilometros fuera de la ciudad (Nuevitas).

Mis padres conmigo recién nacida yo en 1987 y estando mi padre bajo medida cautelar por el tribunal provincial de Delitos contra la Seguridad del Estado.

El panorama económico era muy duro para mis padres a finales de los 80 y se volvió insoportable cuando mi madre embarazada sufrió una hemorragia cerebral producto de violencia policial dentro de su propio domicilio. En ese registro a mi hogar que se realizó sin orden de registro de juez alguno, me arrebataron con violencia los zapatos que llevaba puesto en ese momento, así que cuando salimos de Cuba en 1994 lo menos que teníamos en la mente era regresar a esa triste pesadilla.

En el 2008 visité a Cuba por primera vez desde que salí a mis 6 años de edad (hacia Miami). Me encontré con mis cuatro abuelos y muchos parientes. Cuando salí de Cuba gobernaba Fidel Castro, y a mi regreso era Raúl el nuevo jefe de Estado. Muchas cosas estaban cambiando, unas para bien, y otras para mal. Los más reaccionarios en Miami se oponían a las relaciones familiares entre la emigración y los de Cuba, y hasta se atrevían a tratar de regular con leyes esos encuentros, de manera que cuando abrace a mis seres queridos, algo de política hubo en esos contactos.

En la cocina de mi abuela paterna en Camagüey preparando el desayuno.

Yo he crecido en un hogar religioso y mis padres nunca me enseñaron a guardar rencor ni a vivir con odio. Al regresar muchas puertas estuvieron abiertas (no todas) y me sentí en casa. Cuba había cambiado mucho sin desmantelar el modelo escogido por la mayoría. Seguía siendo un país socialista, y yo una cubana-americana de Miami, pero ya la reconciliación entre cubanos era un hecho y lo pude percibir en mis relaciones con mis compatriotas mas allá del lazo familiar. Llegue a mi tierra natal en el preciso momento en que poderosas fuerzas injerencistas estaban tratando de bloquear y sabotear ese intercambio entre cubanos, y desde ese día decidí que pondría mi granito de arena para influir en las transformaciones hacia una Cuba mejor.