La perpleja izquierda cubana

By Yadira Escobar on

El Doctor Salvador Capote es un gran patriota cubano ocupado en la difícil tarea de alertar y orientar a las nuevas generaciones de cubanos sobre los variados peligros que enfrenta la nación si abandona los pilares que sostienen y unifican al pensamiento revolucionario y de izquierda por seguir ideas ajenas al interés general.

Como creo que la Ideología de Genero, con su carácter transversal y relativista ya esta haciendo estragos en el pensamiento de la izquierda cubana, creo que es oportuno compartir estos escritos suyos hoy.

MATRIMONIO HOMOSEXUAL?
El matrimonio entre personas del mismo sexo equivale al abandono del objetivo fundamental del matrimonio: proveer a los niños el amor, la seguridad y la protección tanto del padre como de la madre. Es destruir la más básica institución social, la familia. Es renunciar a uno de los principales axiomas de la educación: que tan importante es la figura paterna como la materna en la formación moral e intelectual de nuestros hijos. Estas son las razones que considero más importantes para oponerme al matrimonio homosexual. No son las únicas.

El creciente abandono de los valores tradicionales está poniendo en crisis la institución del matrimonio en muchos países. Divorcios cada vez más frecuentes, adulterios, madres solteras, menores embarazadas, hijos sin padres, padres que no quieren tener hijos o los abandonan, etc., con terribles secuelas: aumento de la pobreza, de la dependencia del seguro social, de las pandillas, de la drogadicción, de los problemas de salud físicos y mentales, de los embarazos de adolescentes, de los crímenes y aberraciones sexuales, de la promiscuidad, de la prostitución. de la ignorancia y las conductas antisociales.
Sin embargo, una sólida y estable estructura del matrimonio es de importancia vital para los niños. Los que, siguiendo el orden natural, son educados por dos padres biológicos, hombre y mujer, y se crían en un ambiente de amor y respeto por los valores morales y espirituales, son niños privilegiados.
El matrimonio homosexual no aporta solidez ni estabilidad a la institución del matrimonio. Por el contrario, contribuye a profundizar su crisis y al aumento exponencial de las secuelas de esta crisis.

El matrimonio de Pepe con Pancho, o de Lila con Lola, es decir, el matrimonio “unisex”, rompe la estructura del matrimonio establecida por el orden jurídico que se da el país para garantizar los intereses supremos de la nación, de la familia y, en especial, de las nuevas generaciones. El país necesita que nazcan niños (sobre todo cuando la población en su conjunto envejece, como sucede en Cuba), que los niños se formen bajo el cuidado de un padre y de una madre, y que los niños crezcan sanos y felices sin ser sometidos a experimentos sociales, de orígenes extraños a nuestra cultura.
Cuando el matrimonio no se realiza entre un hombre y una mujer, se convierte en un simple contrato, cuyo contenido responde solamente a comportamientos sexuales muy variados a los cuales nadie puede poner límites, pues como en el saco de las preferencias sexuales cabe cualquier cosa, estos límites no existirían. El ejemplo de relaciones homosexuales en el hogar sería deformante para la personalidad de un niño criado en ese ambiente.
Todo padre y toda madre sabe que el educar a nuestros hijos exige sacrificios y renunciamientos. Tenemos que controlar muchas veces nuestro estilo de vida sexual y evitar comportamientos equívocos dentro y fuera del hogar debido a nuestra responsabilidad y a nuestro deseo de ofrecerle a nuestros hijos lo más valioso que podemos ofrecerles: nuestro ejemplo.

¿Qué es lo más importante, el deseo de unos pocos por crear un tipo de matrimonio a su conveniencia, o la necesidad de la nación de que nazcan niños y de que los niños tengan padre y madre?. Un matrimonio homosexual no es ni puede ser una familia. La familia ha estado constituida, desde tiempos inmemoriales, por padre, madre, e hijos. Supongamos un matrimonio de lesbianas, por ejemplo: no hay padre, no hay madre, no hay hijos. ¿Dónde está la familia?.
El matrimonio formado por un hombre y una mujer es una institución universal que ha desafiado el tiempo y el espacio. Ha existido en todos los continentes, en todas las culturas, en las sociedades más primitivas y en las más civilizadas; a través de miles de años ha existido un sistema de aprobación de la comunidad a la unión del hombre y la mujer. No siempre ha sido igual. En ciertas épocas y lugares se ha caracterizado por un mayor protagonismo de la mujer (matriarcado), o del hombre (patriarcado); otras veces, por imperativos como las guerras, en las que morían muchos hombres, se consentía en que un hombre pudiese tener varias esposas, pero lo básico: hombre-mujer-hijos, persistía siempre.
En nuestro caso, el matrimonio tiene sus raíces en la cultura greco-romana y en la judeo-cristiana, matizado todo por nuestra herencia española y africana, pero siempre, de un modo u otro, ha sido la unión de un hombre y una mujer la única aceptada por la sociedad con el fin de crear el ámbito adecuado para el nacimiento y la crianza de los hijos. El matrimonio de hombre y mujer ha perdurado a través de los tiempos precisamente porque responde al orden natural.
El matrimonio homosexual mina los fundamentos de esta institución milenaria. ¿Puede alguien creer seriamente que no tendrá graves consecuencias?

La variopinta organización LGBT comenzó con lesbianas y gais (LG), continuó con bisexuales y transexuales (BT). Con la incorporación de travestis, intersexuales, cuirs, pansexuales, asexuales, etc., etc. se presentó el dilema de seguir añadiendo letras pues resultó evidente que no alcanzarían las que contiene el alfabeto. Me pregunto (¡es solamente una pregunta!) si ya se han sumado o permitirán que se sumen en el futuro, practicantes de morbosas orientaciones sexuales e identidades de género, y de aberraciones sexuales como los pedófilos, bestialistas, sádicos, masoquistas, voyeristas, exhibicionistas, fetichistas, necrófilos, coprófilos, urolagnios, intercambiadores de parejas (“swingers”) etc., etc., etc..
Durante un tiempo me intrigó bastante la insistencia de estos grupos en lograr la legalidad del matrimonio homosexual, cuando los beneficios socioeconómicos del matrimonio civil pueden lograrse fácilmente, sin la ceremonia matrimonial, mediante acuerdos legales en lo que se refiere a herencias, transmisión o separación de bienes, propiedades compartidas, etc., que impedirían abusos o desamparos. Hasta que pude constatar que había algo mucho más profundo y de largo alcance a lo cual podría llamarse homosexualismo político. El objetivo no sólo es obtener beneficios legales, es desvirtuar la esencia misma del matrimonio y de la familia, sustituyéndolos por engendros sociales que irán reclamando cada vez mayores espacios.
Algunos compañeros me dicen que, con ciertas reservas, podrían estar de acuerdo con el matrimonio homosexual pero no con la adopción. Se equivocan completamente. La legalización del matrimonio homosexual incluiría el derecho de la pareja homosexual a la adopción. Quien apoye lo primero está apoyando lo segundo, quiéralo o no, porque a la vez que los miembros de la pareja homosexual se convierten en cónyuges obtienen el derecho a la adopción. Se comienza así un proceso que no solo desnaturaliza y pervierte el concepto de matrimonio sino que viola el derecho y la necesidad del niño a un padre y a una madre para su desarrollo integral como persona.
Logrado este primer avance, el homosexualismo político invadiría todas las esferas oficiales y mediáticas, en primer término la educación. Se enseñaría en las escuelas que la homosexualidad no sólo es normal sino deseable; que los niños deben experimentar con su sexualidad antes de decidir a que sexo les gustaría más pertenecer; los libros de texto contendrían ejemplos de niños felices con “dos padres” o “dos madres”. Si usted rechaza el homosexualismo político y desea educar a sus hijos de otro modo, será tildado (en esto tengo sobrada experiencia personal) de intolerante, homófobo, reaccionario, ultraderechista, fascista, dinosaurio, aunque usted haya militado toda su vida en organizaciones de izquierda. Usted no será de izquierda si no pertenece a la izquierda sexual.
Para seguir la moda y la onda de lo “políticamente correcto”, los medios impulsarán campañas en nombre de los derechos humanos, sin tener en cuenta que el matrimonio homosexual no pertenece a la esfera de los derechos humanos porque no se basa en la naturaleza común del ser humano sino en individualismos hedonistas de una exigua minoría y sí viola, como hemos dicho, derechos de la familia y de la infancia. No habrá novela radial ni serie televisiva que no presente la trama de una pareja de homosexuales o lesbianas con niños (arquetipos del matrimonio perfecto) viviendo felices después de ser perseguidos por los crueles heterosexuales.
Consolidada la hegemonía del homosexualismo político, toda manifestación contra el homosexualismo se consideraría un delito de discriminación punible con multas y condenas a prisión. Si un sacerdote o pastor evangélico predica las epístolas paulinas, o a un rabino se le ocurre recordar a Sodoma y a Gomorra, puede ser que dé con sus huesos en la cárcel condenado por delito de odio (esto ha ocurrido ya en Suecia, Gran Bretaña y otros países). Se enseñaría a nuestros hijos que la sodomía es algo natural y tendríamos que aceptar pintorescas categorías del aberrante espectro sexual como fenómenos del posmodernismo representando lo más avanzado de nuestra civilización.
La defensa de la institución del matrimonio y de la familia sería cada vez más difícil porque cualquier alusión al matrimonio de hombre y mujer, a la fidelidad, a la monogamia, a los derechos del niño y de la familia, sería considerada como expresión de odio homofóbico castigado por la ley.

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