¿Comprar Armas o Comida a USA?

By Yadira Escobar on

Afuera, en el mundo real, hay muchos enemigos, pero Cuba—concentrada en llevar adelante su proyecto social humanista, sólo tiene de enemigo al orden mundial neoliberal—no a los Estados Unidos. Respetado el sagrado principio de la autodeterminación, los dos sistemas tienen la posibilidad de ser grandes aliados, sin perjudicar su economía de mercado o su socialismo nacionalista.

Ya que Trump va convirtiéndose en políticamente-correcto, y en vez de iniciar un renacer nacionalista va dejándose llevar por la Realpolitik (porque el imperio tiene sus indiscutibles necesidades), los intransigentes temen que Cuba no sea castigada según sus deseos vengativos.

Como la nueva administración pronto anunciará su política definitiva para la isla, la derecha anti-castrista se acerca más a sus representantes para presionar/negociar con Trump pues cabe la posibilidad que este no se sienta tan comprometido con una comunidad que no votó por él. Pudiera prevalecer el sentido pragmático en medio de presiones geopolíticas que no destruyan del todo lo que dejó Obama en heredad.

La congresista Ileana Ros-Lehtinen, dijo recientemente en una entrevista a TV Martí que le pediría al Secretario de Estado, Rex Tillerson: “sanciones para los violadores de Derechos Humanos en Venezuela”, porque según ella:

 “él conoce muy bien el tema de Venezuela, porque él perdió todo, Exxon Mobil, que él era el presidente lo perdió todo en Venezuela…”

Tillerson sigue siendo un desvergonzado multi-millonario por supuesto, así que la declaración melodramática de que “lo perdió todo” es engañosa. En las democracias occidentales es usual ver a directores de grandes empresas convertidos en políticos o que de un alto cargo público se muden a trabajar en una empresa privada. Las puertas giratorias no son un tema nuevo y el actual Secretario de Estado Rex Tillerson fue director ejecutivo de Exxon Mobil, la gigante empresa pública que ha tenido tantos conflictos con Venezuela desde los días de Chavez por causa del petróleo y la congresista posiblemente pone sus esperanzas en un castigo-venganza del antiguo ejecutivo de Exxon Mobil.

Sin embargo, cuando tocó el tema de Cuba no se mostró tan amiga del mundo empresarial al hablar sobre las legendarias compensaciones. Con relación a la propuesta de compensar a los afectados por las nacionalizaciones de la Revolución cubana con un impuesto del 2% a las ganancias de los alimentos vendidos a Cuba por norteamericanos dijo:

“…a mi no me importa tanto darle dinero a las compañías que perdieron sus propiedades, esa no es mi prioridad, mi prioridad siempre es ayudar a las Damas de Blanco y el pueblo oprimido de Cuba…”

Aunque ayudaría a la economía norteamericana, Ileana seguramente piensa que la venta de productos agrícolas a Cuba puede abrir una brecha en el embargo con las lineas de crédito, y por eso se desvió hacia el tema de los disidentes. En menos de 5 minutos dos contradictorias posturas para el mismo problema.

Castigos y más castigos es lo que siempre se pide en la radio y TV local (Miami) década tras década, para los que resisten en Cuba y Venezuela. Es la guerra de los ricos contra los pobres en las altas esferas, y no parece ser que la izquierda pueda salvar a los pobres, pues parte de ella está seducida por teorías sentimentales e ideologías raras que le apartan del pueblo trabajador. El neo-liberalismo, que de cualquier color que lo pinten es malo para los cubanos y que sólo traería pobreza y violencia a la isla, es parte de la fórmula mágica de los consejeros de Trump sobre Cuba.

Las empresas cubanas administradas por militares en la isla son una sólida columna económica de apoyo a la soberanía y un freno al neoliberalismo mundial, pero incomodan bastante a los neo-liberales y a esa izquierda cubana que con el pretexto de democratizar a la Revolución, reclama una “redistribución del poder” en la isla. Son incapaces de ver el rol vital del ejercito cubano para nuestro futuro como nación fuerte, sobre todo ahora que surge una nueva burguesía cubana que no está dando señales de ser muy patriota.

Si los turistas norteamericanos ganan el derecho de visitar a Cuba, no sólo se alojaran en hoteles administrados por militares, pues ya existe un sector privado involucrado en el negocio del turismo. Parte del dinero que gasten en Cuba retornaría a los Estados Unidos con las compras que haría el estado cubano de productos agrícolas, materializándose el discurso nacionalista de Trump. Pero si en cambio, todos los dardos apuntan al ejercito cubano, puede que Trump les niegue a los norteamericanos el derecho de visitar la isla soberana, y la industria estadounidense se pierda una oportunidad que sabrán aprovechar los hombres de negocios de otros países.

La política en Estados Unidos funciona en torno a las influencias que el capital ejerce. Si el ejercito cubano comprara armas en Estados Unidos otra gallo cantaría, pues no se puede comparar el poder de la industria armamentista a la influencia de las cooperativas y granjas agrícolas norteamericanas en la política. Aunque en la isla no existen los secuestros, ni hay periodistas asesinados, se seguirá hablando de Derechos Humanos y de las Damas de Blanco para justificar la vieja política hostil hacia Cuba, porque todavía se pretende un cambio de régimen.

Yo amo al verdadero Estados Unidos, ese que la prensa difama, que la cultura popular reemplaza y que las Élites temen porque tal vez nunca en la historia contemporánea, un ciudadano común ha cuestionado tanto su autoridad malsana. Esa América profunda se beneficiaria de una alianza estratégica con su vecino natural que no es una amenaza a su estabilidad o prosperidad.

 

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