DETRAS DE LAS LUCES QUE MIENTEN

By Yadira Escobar on

pobrezaPor las rendijas de la pared se colaba el frió en las noches más tristes, entonces como no lograba dormirse, se levantaba de su cama humilde y se asomaba a la ventana desde donde se veían de cerca los rascacielos del éxito ajeno, adornados de mil luces y colores, pero sin alma. Su ciudad, decían que era limpia y feliz, pero de noche se llenaba de lamentos silenciosos cerca del Down Town; allí donde trataban de dormir los que ya no tenían sueños.
Anduvo errante por oscuros callejones sin fin aquella noche. Buscaba sentido a su existencia mientras se acercaba a la bahía rodeada de edificios mudos. Se detuvo frente al mar oscuro, y trato de ver destellos de esperanzas en sus negras olas, pero no encontró sino un olor que todo lo inundaba, y que no era del salitre, ni del viento marino, sino de una ciudad moribunda que a sus espaldas lo observaba con los huecos ojos de la muerte. El olor era una mezcla de perfume barato, papeles húmedos y gasolina. Por el día ese mismo olor le parecía el delicioso aroma del posible éxito, de la anticipada victoria, pero ahora en su triste soledad le produjo una profunda repugnancia. Quiso huir espantado muy lejos de aquella maldición, pero recordó que hacia muchos años había venido desde el horizonte con el mismo cuento de escapar, entonces avergonzado volvió sobre sus pasos y termino en su cama anestesiado con cervezas baratas…logró dormir.
Soñó que caminaba sin rumbo frente a enormes letreros que  anunciaban todo tipo de promesas, pero ya no era un hombre pobre, así que como nuevo rico deseó simplemente un yate, y puf apareció el yate, y como en los sueños todo es posible, el yate era dorado y no faltaba nada en el, pero la tristeza lo acompañaba siempre a todas partes donde navegaba, hasta que un día vio a lo lejos una especie de espejismo sobre el mar. Era una isla donde las calles terminaban siempre en un bello mar lleno de luz. En la medida que se acercaba pudo oler el salitre puro, y esto le agrado, también la brisa le trajo el murmullo de lejanas risas infantiles, y sin saber por que, se llenó de alegría.

esperanza
La orilla ya le pareció cercana, entonces se bajó de su yate lujoso, mojandose su pantalón de hilo caro, y llenando de arena sus zapatillas de buena marca. No hubo sirenas con cantos engañosos, simplemente una buena isla donde vivían gente buena, y eso era suficiente, porque la vida era breve. Al yate se lo llevaron las corrientes, y a el no le importó .Dicen que terminó encrustado en aquellos rascacielos mudos de la bahía oscura, y cuando la ciudad dejada, finalmente murió, nadie lloró por ella, porque todos ya tenían la mirada fija en la isla del milagro, la de las playas bellas y una corona de oro entre los cocoteros de la orilla.

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