Quien Soy

 

Para mi, ser cubana-americana significa que vives en Estados Unidos toda tu vida, excepto cuando estás compartiendo con unos padres 100% cubanos. En tu cabeza co-existen dos casetes (se me ocurrió esta analogía para explicarles a mis padres lo que pasaba por mi cabeza con el idioma en los años 90) y como de cierta manera aprendes a vivir con dos patrones y dos lenguas.

No cocines con agua pudiendo hacerlo con leche, no le faltes el respeto a tus padres y acepta que los demás tienen familias extensas y tú no. Eres un extranjero. Habiendo nacido en un hogar judío, desde que tengo uso de razón se convivir con el tajante hecho de que mi entorno no comparte mis creencias o pensamientos, y no pasa nada. Ser bilingüe te situá en el medio de mundos que a veces chocan por cultura y mi unidad interna como persona con deseos de hacer el bien, me convence por completo que es posible el acercamiento fraterno entre los Estados Unidos y Cuba. La convivencia respetuosa es posible, y de la experiencia puesta en real practica, derivó la fuerza emotiva para proponer la reconciliación entre cubanos de buena voluntad.

Soy la primera y única hija de una joven y provinciana pareja (ambos nacidos en Camagüey, Cuba) que desde sus 16 años viven muy enamorados, pero he vivido en Estados Unidos toda mi vida. Vine al exilio con seis años como refugiada política junto a mis padres y un hermano. Mi padre (Reinaldo Escobar) había sido acusado en 1986 de “actos contra la seguridad del estado” y fue elegible para obtener visa de emigrante bajo el programa de ex-presos políticos para residir en los Estados Unidos. Las autoridades cubanas inicialmente negaron a mi papá el permiso legal para salir del país (tarjeta blanca). Durante cuatro años (en que no faltaron arrestos y registros policiales) mi papá solicitaba en vano el permiso para marcharse al exilio, y sólo en 1994 y tras sufrir mi madre un maltrato policial que le produjo una hemorragia cerebral que la dejó deshabilitada, fue que autorizaron a mi padre a salir al exilio.

Cuando desde el avión vi al morro de la Habana alejandose y desapareciendo, para luego ver sólo grandes extensiones de mar me sentí mal. Me decían que mirara por la ventanilla a Cuba, pero sabiendo que no regresaríamos nunca más, sensaciones desagradables me impedían seguir mirando. Escribiendo esto vuelvo a sentir ahora aquella confusa tristeza. Para mi es imposible entrar y salir de Cuba sin emoción alguna desde que tras 15 años de exilio total regresé en el 2008. Habiendo visto comerciales televisivos norteamericanos en el viejo Camagüey, con una rustica y sofisticada antena (yagi direccional) en un frio diciembre, yo antes tenia la idea infantil de que en Estados Unidos había todo un canal especifico para anuncios comerciales, pues no concebía que una compañía privada interrumpiera tu programación ya que en el socialismo de Cuba no existía nada de eso. Me habían preparado para vivir en otro modelo que imaginaba más caótico, pero cuando miré por la ventanilla del avión sobre Miami y vi las perfectas casas organizadas a precisión matemática en perfectos urbanizaciones, sentí temor por la mano invisible responsable de tan perfecto orden, tan bonito pero ajeno.

En el aeropuerto de Miami vi por primera vez rostros extraños, distantes y severos al estar acostumbrada solamente a ver Camagüeyanos amistosos. Nos recibieron unos parientes lejanos y no hubo fiesta de bienvenida. A la segunda semana mi padre ya estaba trabajando y mi experiencia fue fatal. Recuerdo ese mes desagradable y contradictorio, pues no entendía nada en la escuela, padecía de hambre cada día (cosa que nunca conocí en Cuba). No tenia ni un lápiz para dibujar, pero mis sentidos eran bombardeados cuando me paseaban por las iluminadas tiendas tan bonitas y surgia la ilusión. Desde una galleta de dulce, una caja de cereal o un cuaderno barato para escribir, el nuevo país contrastaba escandalosamente con lo gris y austero del periodo especial en Cuba. Hasta el día de hoy, de vez en cuando me encuentro con olores especiales que recuerdo de aquel Estados Unidos, que ni remotamente era lo que es ahora. Por $550 dólares y la misma cantidad en fondo nos mudamos al otro mes para un apartamento en la calle 7 del North West, donde por cierto que tuvo mi padre que llevar a mi mamá antes de firmar contrato, porque el dueño queria asegurarse de que fuese blanca. Asi se lo explicó a mi padre en medio de un discurso contra los negros. En el parqueo del edificio mi papá por las noches tímidamente se enseño a si mismo a conducir. El dinero era muy escaso y no recibíamos ayuda alguna del gobierno de los Estados Unidos, de organización comunitaria o de exiliados. Mi papá no tuvo cursos de ingles ni de superación laboral, ni llegó de Cuba con una carrera universitaria adquirida en el socialismo, porque cuando eso las universidades eran sólo para los Revolucionarios.

Sólos de verdad, aquella primera noche en el nuevo apartamento se entendía la verdadera dimensión del exilio. Nuestra primera comida como familia independiente la comimos sobre la escalera interior, pues no teniamos ni una mesa barata. Demasiados cubanos lo toman a la ligera, pero irte de tu país deja huellas hasta en el más pequeño corazón y sólo una razón de persecución política puede justificar plenamente el marcharse de la Patria. Tenia sólo 6 años y esa noche, cuando mis padres tiraron unos colchones en el piso porque no teníamos más nada, sentí la autentica desolación, desamparo y vulnerabilidad que teníamos como un núcleo débil que arrastraba la ingenua ternura de los dibujos animados (muñequitos) rusos, dependencia de la libreta de abastecimientos y el bonachón desprendimiento de una Isla pobre con sueños de grandeza espiritual.

Conociendo los peligrosos contra-valores de una asimilación cultural, no al profundo Estados Unidos sino a la sub-cultura marginal de las grandes ciudades, mis padres prestaron especial atención a la labor pedagógica. Gracias a ellos, he crecido en los Estados Unidos sin olvidar a Cuba ya que en mi hogar el énfasis educativo era estar orgulloso de donde uno viene. Celebro a mis padres su madurez emotiva porque ha pesar de haber sufrido en carne propia los maltratos del régimen político cubano, no me transmitieron ningún tipo de resentimiento contra Cuba, todo lo contrario. El amor al prójimo y la creencia en un ser superior ayudan mucho a entender lo que pasó en Cuba y ser más constructivos. Era importante encontrar un sano equilibrio entre nunca ignorar nuestra historia personal con la isla y poder desprendernos de lo particular para ver el escenario completo.

Con artistas en la familia por ambas partes y unos profesores de Artes Plásticas como padres, mi única meta en la vida siempre fue muy simple; ser una artista. Eso quería, cuando apenas podía escribir bien mi nombre y finalmente en la adolescencia logré estar satisfecha en la pintura. Mi visión del arte es muy conservadora y aunque experimento de vez en cuando con corrientes modernas, creo que el arte actual necesita una gran revolución para que los ciudadanos puedan volver a respetar los salones actualmente contaminados en formas y contenidos por valores ajenos a los pueblos.

Crecimos como familia y yo viví como si nunca más regresaría a Cuba. Sin embargo cambió el panorama y tras quince años de exilio regresé con mi papá a Camagüey en el 2008. Soy una cubana-americana que siente el caso cubano con toda intensidad. Soy nacionalista de forma natural como muchos cubanos que no viven en la isla, pero que mantienen vínculos invisibles y sentimentales muy fuertes con el país que los vio nacer.

Por amor a mi Patria me involucré en la política a favor de la normalización diplomática entre Estados Unidos y Cuba. He podido regresar en algunas ocasiones a la tierra donde nací y he visto de cerca lo que otros describen desde lejos. Por una vía autodidacta he podido corregir lo que inevitablemente el exilio en Miami me exageró, aunque por experiencia personal no creo que jamas caiga en una ingenua idealización de la Revolución cubana. He visto que el neo-liberalismo en combinación con la Falsa Izquierda,  va arrasando en todo el mundo con las pequeñas resistencias de ciudadanos patriotas.

Las monstruosas corporaciones de nuestros días dominan hasta el detalle más remoto de nuestras vidas, cruzan toda frontera con total impunidad, intercambiando ideas de izquierda y derecha a su más ventajoso capricho, porque cuando se tiene dinero, en el mundo que han creado, se puede hacer todo lo que se quiera, por muy inmoral o podrida que sea la voluntad del rico y poca resistencia al verdadero enemigo. El individuo no vale nada para grandes como Goldman Sachs, Microsoft, Walmart, Time Warner, Monsanto, Google o Bank of America, etc. No es el momento de pretender ser un actor en este juego corrupto donde desde hace siglos las elites del mundo ya ganaron y decidieron que nosotros los de abajo no merecemos ni respirar su mismo aire.

Quiero lo mejor para Cuba y estoy convencida que en el actual “ajedrez” mundial, los cubanos sólo pueden resistir si fortalecen su escudo nacionalista, ajustan el casco socialista y afilan su espada Revolucionaria.

Algunos han confundido mis posturas política-sociales y mal interpretado mis soluciones. Por pereza mental, inmadurez sentimental o simple malicia, se riegan rumores y sin prueba alguna se difama sobre mi persona. Que triste espectáculo ver quienes alardean de “democratas pro-libertad” negarme a mi el derecho a la expresión en mis propios espacios, pues jamas voy a buscar problemas donde no he sido invitada. ¿Es eso tolerancia? Cuando propongo paz, razonable entendimiento y el cultivo de sentimientos patrióticos, se me ofende sin argumento y difama sin evidencia desde ambos extremos, porque te ubicas en el centro firmemente y sigues tu propia brújula. No importa que andes sóla en tu camino, peor seria estar mal acompañada. Lo que hago no es para recibir reconocimiento alguno y la hostilidad en todo su esplendor nunca logrará desviarme del propósito original. También hay sus curiosos, que preguntan sobre el gran enigma. ¿Porque hago todo esto?

Ha veces lo preguntan por genuino interés o el interrogador cree haber descubierto la grieta en el plan macabro por engañar y estafar. Ninguna respuesta será suficiente para espantar el humo de duda que se quiere sembrar alrededor de esta supuesta agente de alguna inteligencia. Cuando se me acusa de frente o a mis espaldas de pertenecer a la CIA, oficial de la seguridad del estado cubano o de ser incluso agente del Mossad, solo puedo sonreír. Lo lógico sería que gritara como un papagayo “abajo la dictadura” desde la calle 8 o que me sumara a la izquierda “democratica” que sueña con una Perestroika en la isla, pero no estoy en este camino porque sea el más lógico o prudente.

Soy una persona de fe. Si buscas academia, intelectualidad o cálculo, estás en el sitio equivocado. En definitiva, la prensa típicamente utiliza los porcentajes cuando les favorece y los oradores citan aquellas cifras que apoyan sus tesis personales. Yo les hablaré siempre con mi máxima sinceridad porque no tengo motivo alguno para mentirles y con la mano puesta sobre el corazón les quiero transmitir mi deseo por un mundo mejor. No nací para conformarme, darle la espalda a lo mal hecho o complacer al criminal que no tiene perdón.

No es que merezcamos una vida mejor ya que nadie en esencia merece nada, pero como hijos de Dios debemos ser tratados con dignidad y ese ha sido el error de la élites. Nunca nos preguntaron nada y jamas vacilaron en lo que hacian, o si era justo o no. Van a caer, eso se los aseguro con todas mis fuerzas. Cuando eso suceda no sientas lastima por ellos. Nosotros veremos su destrucción pues se acerca el momento y tan sólo quiero que crean en mi, cuando les ofrezco la única solución que nos puede salvar como nación. La conciencia debemos siempre cuidarla y mantenerla limpia, ya que el cuerpo fallece pero el alma continúa eternamente, y si por fin hacemos el esfuerzo colectivo, puede ser que muy pronto podamos construir lo más bello que jamas se vio existir bajo el cielo.

Aquí les comparto un pequeño vídeo de cuando vivía en un apartamento del West de Hialeah en 1996.

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