VERDAD y DISTORSIÓN

By Yadira Escobar on

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Como ciudadana norteamericana he escogido el camino del Partido Demócrata. Quiero a este país, y cuando me quejo o critico, es en sentido constructivo, porque deseo lo mejor para los Estados Unidos de América. Los veinte años más decisivos para una persona (niñez y adolescencia) , yo los pase aquí, y aprendí los buenos valores de esta gran república de orden y leyes. Como hija de inmigrantes, pase por duros momentos en mi niñez y conocí la escasez. Era una mezcla extraña entre de vez en cuando ir a toy’r’us con una muda de ropas nuevas pero también incontables veces pedirle a  mis padres algún antojo de niña y no ser complacida pues ” no se puede Yadi, somos pobres”. Para ayudar a mis padres, aprendí muy temprano a cuidar a mis hermanitos. Me gusta cocinar, coser, y claro, pintar. Soy muy ecologista…tanto que ese tema merece otro post. Creo que este planeta nuestro esta en peligro y cada uno de nosotros debe hacer su parte para cuidarle, para que los que vengan después de nosotros puedan disfrutar de la creación.

La influencia cultural de este país sobre mi, debe ser mayor de lo que sospecho, y por eso me resulta difícil entender a los nuevos “derechistas” que pululan por los canales de la telebasura hablando de una democracia que no practican, y de una libertad a la que no saben dar noble uso. Son más anticomunistas que nadie.  Mi padre nos trajo a este país por ser un expreso político que se acogió al programa de refugiados, y el siempre me ha advertido, cuidate de los extremistas que la verdad esta en el centro. Soy centrista, y eso en perfecta armonía con mis creencias religiosas, porque como judía sé que en los extremos siempre está el error.

Una vez en 1995, en un supermercado de Hialeah, mi papá se encontró con dos antiguos compañeros de trabajo que en un acto de repudio en 1986, en la casa de la cultura donde el trabajaba (casa de la cultura Joaquín de Agüero), le habían gritado en coro “Paredón”. Ahora tenian los ojos abiertos (al capitalismo próspero) y aquello me impacto. Yo no podía entender que la gente cambiara de un extremo al otro, y ¡ tan rápido ! Por eso no me impresiona cuando un cubano me dice: Yo soy revolucionario y comunista, o cuando en cambio me dice que odia a la revolución y al comunismo, porque se que en fondo, muy en el fondo, todo nuestro problema, no es político, ni ideológico, sino moral. Ya se que muchos viejos comunistas se vienen a retirar a las tranquilas orillas de la Florida, y cambian su pensión de Cuba, por el supplemental security income. Mienten ante los jueces de inmigración, y ocultan haber sido militantes del PCC. Lo peor es cuando no bastandole ser inmigrantes económicos, se declaran como apasionados críticos del sistema cubano, cuando hubo gente que se fue de Cuba huyendoles a ellos mismos. ¿Dónde quedó toda su vieja militancia? ¿A cuanta gente desgraciaron la vida, para después venir al imperio a pedir limosnas? ¡Mi desprecio para ellos! Se que se agrupan en redes artificiales como en Facebook y desde allí difaman a todo el que sea algo moderado, es que quieren ejercer su nuevo perfil atacando objetivos que ellos creen débiles, por eso me pintan a  mi y a otros demócratas como “”agentes infiltrados” , para disimular su profunda cobardía y su baja traición. Ellos son esa “derecha eterna” que se pone el traje de la militancia(comunista o no comunista), y se lo quita según la ocasión y siempre buscando el beneficio; entorpecen el camino hacia una Cuba mejor.

No soy comunista, pero decir que el bloqueo es inmoral, o que la soberanía es lo primero, trae problemas aquí, y eso hago a menudo, de manera que no saldré en la televisión privada en Miami, aunque en Cuba tampoco me dejarían hablar en la televisión ni la radio,  porque soy de “los de Miami”. Ese fatalismo geográfico me tiene marcada como a los judíos en los campos nazis. Se que algunos por ahí quieren verme según sus emociones del momento, es decir como esa: malvada y conspirativa que no dice todo lo que piensa, o que anda en agendas ocultas. A esos no les respondo nada, porque es un mal sin remedio. Ellos alimentan su enferma imaginación con cada post mio y ni invitándolos a comer pastelitos y conversar una tarde entera bastaría pues ni me aceptarían la invitación. Entonces que sigan con esa imagen distorsión de mi, que sigan pensando que soy la encarnación del mal y tentáculo conspirativo del fantasioso plan por dominar, manipular y engañar sus mentes y corazones como la buena bruja judía que soy. Yo seguiré existiendo, seguiré pintando, escribiendo y horneando galletitas, con mi conciencia limpia pues a nadie en esta vida he estafado ni maltratado.

Los periodistas de origen cubano aquí están completamente parcializados y doblegados ante la extrema-derecha. Yo no tengo problemas con la derecha decente que respeta la diversidad de opiniones, pero la censura y manipulación a la información en nuestra comunidad es bastante profunda, por eso hice el blog; como una opción alternativa que ayude a la pluralidad entre las nuevas generaciones de cubanoamericanos, y no precisamente para molestar a la derecha, que vuelvo a repetir, tiene sus derechos. A veces uso el termino “burgués” no para definir a la burguesía como una clase reaccionaria, porque de hecho le atribuyo a esa clase muchos valores, sino simplemente para señalar los vicios de ese grupo social, como son el excesivo individualismo, la codicia, y el culto casi religioso al éxito personal.

En la isla viven los que tiene la misma sangre y cultura que en Miami, y si aquí algunos asumen que soy una agente de influencias de Cuba, también en Cuba debe haberlos que me tienen como una de esas chicas de la CIA de nuevo tipo, medio izquierdista y ecológica para engañar a ingenuos, bueno, ese es el mal de Cuba … ¿ Que le vamos a hacer? No creo que sean genéticamente diferentes, y también los hay inmovilistas, reaccionarios, y amargados que retrasan los cambios necesarios hacia un país mejor. Me interesa Cuba porque amo mi tierra natal y su cultura, y solo espero en que se desvanezcan los prejuicios de ambas orillas entre cubanos, porque siendo hermanos de la misma nación no tiene sentido que nos miremos con tanto recelo y rencor.

 

Nota: Estas fotos me las tiro mi hermanito Reycito, y el que cargo es el mas pequeño Escobar, Benjamín. El y yo actuamos juntos en la película sobre la cual mas adelante debo contarles. Quería aparte de ilustrar este escrito, demostrar cuanta diferencia hace un simple gesto.

 

 

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